Cartas de Vincent Van Gogh: la esencia del artista en el papel

“I have a more or less irresistible passion for books, and I have a need continually to educate myself, to study, if you like, precisely as I need to eat my bread. “

Vincent Van Gogh es un artista que personalmente me fascina. No es sólo su virtud como pintor lo que me atrae, sino más bien su misteriosa personalidad, su profundidad de pensamiento y, por su puesto, su historia de vida.

Van Gogh fue fundamentalmente una personada apasionada, que vivía y practicaba sus intereses al extremo, es decir, con gran compromiso y entrega total. Quizá haya sido esta característica de su personalidad la que lo condujo a un estilo de vida solitario, a ser un incomprendido y a convivir siempre al límite de la locura.

Había algo particular en él, una especie de hambre infinita incapaz de ser satisfecha, un deseo fulgurante por comprender el mundo que lo rodeaba, una sensibilidad especial para observar la belleza del mundo y del alma humana.

Pero como toda virtud tiene su costado negativo, también para este artista el precio a pagar por su extrema sensibilidad fue muy alto, y lo pagó a expensas de sobrellevar en el transcurrso de su vida una crisis personal que no le dio tregua ni hasta el último momento de su existencia.

Van Gogh debió convivir con el peso de no poder encontrar el sentido por el cual había sido enviado a este mundo. Sus reiterados fracasos laborales, su incapacidad para adaptarse a las normas de conviencia social y los continuos rechazos amorosos lo hacían sentir que no había plano de la existencia en el que pudiera destacar y conseguir un relativo éxito.

Su vida se desmoronaba y lejos de ayudarlo, sus familiares y amigos se iban alejando cada vez más, tachándolo de loco, de excéntrico o de vago. Nadie supo entender cómo no era posible que lograra enderezar su camino y hacerse cargo de sí mismo.

Todos excepto Theo, uno de sus hermanos menores, quien estuvo a su lado hasta el final de sus días, respaldando sus emprendimientos, sustentándolo económicamente o dándole apoyo moral.

Theo fue la figura principal en la vida de Vincent, él único ante el cual podía demostrarse franco y abrir su corazón y sus ideas sin miedo de ser juzgado, aún incluso cuando sus opiniones no convergieran en el mismo punto.

De alguna manera, aún estando en desacuerdo con su estilo de vida y sus actitudes extremas, Theo podía entender que en cada emprendimiento y en cada acción era la esencia más pura de Vincent la que se manifestaba.

Pruebas de esta relación entrañable y profunda entre ambos quedó registrada en las más de 700 cartas que ambos intercambiaron a lo largo de sus vidas y que hoy se conservan en el Museo Van Gogh, y en el proyecto online Van Gogh Letters, en el cual se puede acceder de manera gratuita a la totalidad del epistolario ordenado por destinario, lugar o época, enriquecido con increíbles notas que ayudan a contextualizar cada carta, aportando desde simples referencias hasta imágenes y explicaciones de expertos en la vida del artista.

A lo largo del frondoso intercambio es posible observar las opinones de ambos hermanos acerca de diversos artistas pictóricos, recomendaciones literarias y aspectos de la vida cotidiana. Sin embargo, conmueve el poder apreciar en cada misiva cómo se iba transformando la vida y la personalidad de Vincent año tras año, al tiempo que este se hacía consciente, al momento de escribir, de las dificultades que veía provenir en su horizonte.

El papel se convertió en testigo de la desesperanza, el entusiamo, las dudas y las penurias de un artista que confió al lienzo y al lápiz los secretos de una vida y sensibilidad que escapó al entendimiento convencional.


My dear Theo,

Even though I wrote to you only recently, I want to do so again anyway, because I know how difficult life can sometimes be. Keep your chin up, old boy, after rain comes sunshine, just keep hoping for that.

Rain and sunshine alternate on ‘the road that goes uphill all the way, yes to the very end’, and from time to time one also rests on ‘the journey that takes the whole day long, from morn till night’.1 So think now and often after this, that ‘this also will pass away’.

And especially, you too should ask: Create in me a new heart, Oh God;  and renew a right spirit within me. (…)

(Extracto de una carta escrita en París el 6 de octubre de 1875)


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