Aprender no es difícil: 5 claves para estudiar lo que quieras

En la era en la que la evolución tecnológica avanza a pasos agigantados y a una rapidez descomunal, la necesidad de adquirir nuevos conocimientos se torna fundamental para poder aggiornarse tanto a los nuevos dispositivos electrónicos que hoy dirigen nuestra vida como a las oportunidades laborales que ofrece el mercado.

Pero la mayoría de las veces el sólo pensar en tener que aprender algo nuevo nos predispone negativamente porque nos ataca esa creencia ampliamente difundida de que el aprendizaje pertenece exclusivamente al territorio de los chicos ya que “en teoría”, una vez que crecemos, de alguna manera perdemos o se desgasta ese chip que nos permite absorber nuevos conocimientos. Es como si llegada cierta edad nos sulfatáramos y ya no hubiera casa de repuestos en donde reemplazar el chip obsoleto.

Sin embargo, como casi todas las creencias, esta teoría tiene a su vez una parte de verdad y otra parte de mito: lo cierto es que si bien a medida que vamos creciendo y más aún a través del proceso de escolarización nuestros procesos y mecanismos de aprendizaje van cambiando la forma en la que nos acercamos a lo nuevo dado que nos adaptamos a determinadas “instrucciones” y objetivos que las instituciones educativas nos imponen a la hora de enseñarnos, esto no significa que para aprender siempre debamos seguir estas mismas instrucciones que en muchos casos resultan poco prácticas y frustantes al punto de querer abandonar cualquier mínimo intento.

También es verdad que al crecer nuestro camino de aprendizaje se torna cada vez más dirigido hacia una cadena de objetivos más y más estrechos que hacen del aprender una carrera contra el tiempo en la que cada mínimo obstáculo, tan necesarios en este proceso, se vuelven una frustración o nos dan la sensación de no haber sido más que una pérdida de tiempo.

Pero para el chico, en cambio, aprender resulta tan natural que forma parte de su aventura diaria en el camino por descubrir el mundo que lo rodea: no hay obligación más que el deseo por conquistar nuevos superpoderes que le permitan dominar distintas aptitudes o comunicarse.

Para ellos cada nuevo obstáculo se convierte en un desafío y los errores se transforman en nuevas oportunidades que les permiten perfeccionar su técnica y acercamiento.

Por eso, a la hora de encaran una nuevo aprendizaje, comenzar un taller, o incluso cambiar de carrera hay algunos puntos acerca de cómo aprenden los más chicos que pueden resultar interesantes de considerar para sacarle el máximo provecho a la experiencia:

1. Despegate los prejuicios: a la hora de aprender los chicos no se detienen a juzgar si lo que están aprendiendo es adecuado para su edad o si está bien visto, simplemente absorben aquello que les interesa y descantan lo que no. Como adultos debemos despegarnos de la idea de que hay una edad derminada para apreder tal o cual cosa, para aprender no hay edad, no importa si tenés 20 o 95 años. Si querés aprender guitarra, tomate el tiempo y aprendé. Si querés estudiar una carrera y te preguntás “pero, ¿cuántos años voy a tener cuando termine la carrera si empiezo a esta edad?” la respuesta es: la misma edad que tendrías si no la hubieses empezado. El tiempo pasará de todas maneras queda en uno decidir qué hacer con èl.

2. Observá en detalle: si tenés un hijo, sobrino o te acordás de aquella época en la que vos mismo eras chico, recordarás que los niños observan y copian absolutamente todo y prestan atención hasta el más mínimo detalle emulando conductas, formas de actuar y maneras de maniobrar objetos, ya que a través de este mecanismo es como internalizan el mundo exterior, poniendo en práctica todo lo que observan.

3. No te dejes vencer por los errores ni las dificultades: cada vez que te caigas volvé a levantarte y seguí avanzando, sé consciente de que cada error es una nueva oportunidad de encarar el camino desde una nueva perspectiva con la sabiduría ganada de aquello que sirve y aquello que no. Como cuando aprendemos a gatear, cada resbalón es una nueva oportunidad de poner las manos en una posición más firme para seguir adelante.

4. No te olvides de recurrir a aquellas personas que te inspiran: cuando nos hacemos grandes, tal vez por vergüenza, tendemos a dejar olvidadas a aquellas personas que de chicos nos inspiraban y a las que queríamos parecernos. Todas esas personas tenían algún talento, hablidad o encanto que nos inspiraba y hacía que continuáramos practicando determinado instrumento o aprendiendo determinado idioma. Cuando sientas que el entusiamo en aquello que has emprendido comienza a decaer, recurrí a esas personas como fuente de inspiración para continuar avanzando.

5. Olvidate del qué dirán: cuando somos chicos aprendemos porque queremos hacer por nuestra propia cuenta todo lo que hacen los adultos y no prestamos demasiada atención a lo que piense nadie en especial. Aprendemos porque es divertido y porque queremos alcanzar nuestros propios objetivos. Cuando crecemos, no debería ser diferente. Si querés aprender chino porque te parece interesante como suena o te encanta la cultura china, hacelo. No importa qué piense la sociedad acerca de los beneficios o réditos que podría tener o no hacerlo. Lo importante es que te resulte útil y a gusto a vos, que serás quien pases tiempo practicándolo.

En conclusión: aprender es el camino más gratificante para conseguir una variedad inmensa de superpoderes. En el proceso, además, no sólo habremos de conseguir dominar más habilidades, sino que ganaremos amplitud y perspectiva mental, así como también confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad y por consiguiente mayor felicidad.

Photo by Iana Dmytrenko on Unsplash

Colores y significados

“Painting is not about an experience, it is an experience.” – Mark Rothko

El sabor de la manzana, decía Borges parafraseando a Berkeley, no está en la fruta en sí misma, sino en la unión de esta con el paladar.

Como argumentaba el autor argentino en el prólogo de Fervor de Buenos Aires, también la poesía es el resultado del comercio entre el lector y el poema. Y quizá sea el arte en general el reino donde no existe “la cosa” en sí misma, sino el resultado de un proceso en el que el protagonista principal es el público: el lector, espectador u oyente que participa activamente en la construcción del sentido de la obra.

Basta darle sólo un vistazo a cualquier pintura de concepto abstracto para descubrir que este juego de interpretación que pone en funcionamiento el espectador al admirar un cuadro requiere tanto de su participación activa como de su mirada para existir. Formas y colores adquieren vida propia al interactuar con el ojo y la vista del público que las recorre en diversas direcciones descubriendo un nuevo significado, un nuevo sentido general cada vez.

Y con el color ocurre algo particular: las distintas tonalidades y combinaciones tienen el poder de hacer funcionar en nosotros todo tipo de emociones al hablarle directamente a nuestros sentimientos, influyendo sobre nuestro estado de ánimo más directo.

Jackson Pollock no 41

El poder de interpelarnos que detenta el color, algo que sugirió Goethe en su teoría de los colores en 1810, en la que planteó su influencia sobre las emociones, explica en cierta manera cómo al observar una obra en la que prima la abstracción se pone en marcha un mecanismo de construcción a partir del cual llenamos el cuadro con información propia, completando su significado más allá del sentido propuesto por su autor, volcando sobre ella nuestra propia apreciación e interpretación de lo que vemos.

Es de esta manera que se activa un doble proceso en el que, como apuntó Aristóteles al definir la catarsis en la obra artística, intercambiamos y creamos significados a partir de las emociones y sentimientos que ésta nos genera: nosotros como espectadores, nos convertimos también en artistas al crear nuevos significados que van variando cada vez que nos encontramos nuevamente con la obra ya que en cada encuentro volvemos renovados y llenos de los sedimentos y nuevas perspectivas que ha producido en nosotros la experiencia.

Bajo esta nueva perspectiva, apreciar una obra de Rothko o Jackson Pollock se convierten en experiencias revolucionarias toda vez que nos alejamos por completo del análisis crítico y lineal que podemos emplear al observar arte del estilo clásico como tal vez el barroco, y nos abandonamos a la mirada guiada por nuestros sentimientos, a la experiencia directamente ligada a nuestros sentir y pensar más profundo, así como también a la experiencia más reciente, aquella que determina de manera inmediata nuestro ánimo en la cotidianeidad.

Cielos y mares se abren por completo ante nuestros ojos. Figuras gigantescas, tímidas y pequeñas se alzan a lo largo y ancho del lienzo dando vida a un sinfín de aventuras que se renuevan constantemente. Hasta del más minúsculo rincón a donde va a parar nuestra atención surgen seres mitológicos ansiosos por contar su propia historia.

Los colores despliegan su particular lenguaje y nuestros sentimientos traducen. La danza de significados se renueva con cada nuevo acercamiento y la obra se convierte en un océano de infinitas posibilidades en el que navegar sin fin.

“The painting has a life of its own. I try to let it come through. ” — Jackson Pollock

Cómo sacarle el jugo a la web: 5 sitios de los que podés aprender a diario

Internet es un mar de conocimiento inmenso e inagotable y hay tantas cosas atractivas para ver que la mayor parte del tiempo la pasamos navegando de un lado a otro, sufeando muy por encima del verdadero contenido.

Así que el único antídoto efectivo contra la procrastinación y la pérdida de tiempo en la web viene en dos dosis, a saber:

  1. desactivar las notificaciones de todas tus redes sociales;
  2. tomar -vos- las riendas de tu navegación sin esperar que un algoritmo te dicte qué te puede interesar

Parecerá complejo eso de tomar las riendas y buscar vos mismo el contenido en la web ya que muchas veces no sabemos por dónde empezar, pero lo cierto es que si venís leyendo hace algún tiempo determinado blog basado en tus intereses personales, el autor del propio sitio seguramente te recomiende otros blogs o cuentas que él mismo está leyendo y quedará en vos el echar un vistazo y decidir si vale la pena o no agregar es sitio a tu lista de lectura diaria. Te aseguro que es la mejor manera de llegar a contenido de calidad ya que estas recomendaciones provienen de gente que lee estos otros otros autores a diario.

Pero, por si no sabés por dónde empezar te recomiendo alguno de los blogs que sigo regularmente y que examinan algunas de las temáticas que más me interesan: literatura, creatividad, escritura, filosofía, etc.:

  1. Austin Kleon: autor de Steal like an artist, Show your work! y Keep Going!, en su blog comparte temas relacionados a la creatividad, escritura y recomendaciones literararias y visuales súper interesantes. Podés ver su blog acá.
  2. Marie Forleo: emprendedora, recomiendo de ella básicamente su canal de YouTube en el que hace entrevistas súper interesantes con artistas, creativos, empresarios y gente común que hace cosas geniales. Además, siempre da consejos muy interesantes para emprender bajo el lema de su libro Everything is figureoutable (algo así como “todo tiene solución”, o la traducción más argentina “a todo se le puede encontrar la vuelta”). Link al canal acá.
  3. Tim Ferris: lleva varios años compartiendo tips sobre emprendimiento, desarrollo personal y hace entrevistas amenas de las que se puede aprender un montón de personajes súper diversos, desde Elizabeth Gilbert hasta Arnold Schwarzenegger. Link acá.
  4. Maria Popova: uno de mis blogs preferidos junto al de Austin Kleon, Maria escribe artículos exquisitos que mezclan literatura, ciencia, arte, filosofía y más. Link acá.
  5. The School of Life: me encanta tanto el blog de The School of Life como su canal de YouTube en los cuales, a través de una manera de contar amena y simple, enseñan sobre un montón de temas interesantes que van desde la historia y la filosofía hasta la psicología, relaciones y la eudcación emocional. Links acá y acá.

Hay un montón de otros sitios y blogs que podría recomendar, pero por ahora, comencemos por acá.

Si tenés algún blog o canal que leas/veas a diario, dejalo en los comanterios.

¡Recordá que el conocimiento lo hacemos entre todos!

Photo: Thought Catalog, Unsplash.

El valor de la curaduría: WH Auden

Como seres curiosos, pero más aún como habitantes 24/7 del cyberespacio, consumimos toneladas ingentes de información a diario, lo cual a veces dificulta un poco distinguir la calidad y procedencia de aquello que consumimos. A veces, incluso con la mejor intención de adaptarnos a una dieta rica en información que valga la pena, se dificulta un poco la tarea de decidir qué consumir se trate de series, noticias o literatura.

Por esta razón puede que resulte efectivo confiar en el conocimiento y la curaduría de alguien más en cuyas manos podamos dejar la recomendación de aquel material que por su contenido, calidad o temática pueda llegar a interesarnos sin que esto tenga que depender indefectiblemente del algoritmo de recomendación de una red social que podrá pegarle en dos o tres sugerencias pero después de un tiempo termina por recomendarnos cualquier cosa.

Hace varios años, con el auge de los suplementos y revistas culturales, dicha tarea de recomendación estaba reservada al crítico, que con el tiempo y producto de hacer de su práctica un ejercicio demasiado autoritario y elitista en algunos casos, comenzó a ser desatendido por los lectores que más que encontrar en él un amigo que le instruyera sobre material interesante, como el librero, veía en él la figura de un detractor del arte.

Por eso quizá hoy simpatice más la idea del curador como alguien que consume todo tipo de material y, luego de una cuidada selección y puesta a punto, comparte para quien pueda interesarle. Esta idea trabajo casi artesanal en el que prima la selección, el encuentro de valor y posteriormente la divulgación me resultó realmente interesante y se asemeja bastante a la función del crítico definida por W.H. Auden en su ensayo sobre la lectura que puede leerse en El arte de leer: ensayos litararios.

Escribe Auden:

¿Cuál es la función de un crítico? En lo que a mí respecta, puede prestarme uno o más de los siguientes servicios:

  1. Darme a conocer autores que hasta ese momento ignoraba.
  2. Convencerme de que he menospreciado a cierto autor o determinada obra por no haberla leído con suficiente cuidado.
  3. Mostrarme relaciones entre obras de distintas épocas y culturas que jamás habría descubierto por mí mismo porque no sé lo suficiente y jamás lo sabré.
  4. Ofrecerme una «lectura» de determinada obra que mejore mi comprensión de la misma.
  5. Arrojar luz sobre el proceso del «hacer» artístico.
  6. Arrojar luz sobre el arte de vivir, sobre la ciencia, la economía, la ética, la religión, etc.

(…) Lo que enfáticamente no le pido a un crítico es que me diga es lo que tengo que aprobar o desaprobar. No tengo objeción a que me revele qué autores le gustan o disgustan; de hecho, me resulta útil saberlo, porque, teniéndolo en cuenta con respecto de los libros que he leído, me prevengo de asentir o disentir de sus veredictos sobre los libros que no he leído aún. Pero que no busque imponerme su ley. La responsabilidad de lo que escojo leer es mía, y nadie en el mundo puede escoger por mí.

Y vos, ¿en qué manera crees que te puede ayudar la labor de un crítico, curador o periodista cultural? ¡Te leo en los comentarios!

Brian Eno e Isaac Asimov: cómo amigarse con nuestra creatividad

Poner en funcionamiento la creatividad para dar forma a una pintura, una escultura o a novela puede resultar uno de los ejercicios más placenteros y gratificantes que puede experimentar el ser humano.

Munidos de colores, pinceles, palabras y un sinfín de materiales, nos embarcamos en una aventura en la que como niños nos olvidamos del mundo para meternos de lleno en la exploración de cientos de miles de posibilidades de expresión.

Crear, como preparar un una comida exquisita, requiere de toda nuestra atención y conocimientos para lograr una obra que permita saborear, en la totalidad de sus matices, la diversidad y calidad de que están hechas nuestras ideas.

Sin embargo, por placentero y gratificante que sea la aventura, no siempre resulta fácil y muchas veces, aunque las ganas de crear y el entusiasmo estén ahí, a flor de piel, la propia efervecencia de nuestras ideas o incluso la imposibilidad de entenderlas y trasmitirlas al papel o al lienzo, terminan por convertir el proceso creativo en un esfuerzo demensial y frustrante.

¿Quién no se sintió alguna vez presa del pánico frente a la hoja el blanco y se preguntó por quincuagésima vez, ¡qué estoy haciendo!?

Nadie escapa a la sensación de sentirse un poco impostor a la hora de crear y si hay algo que puede ayudar para tranquilizar al menos un poco la mente en esos momentos en que no sabemos qué hacer o por dónde empezar es saber que incluso el más reconocido de los escritores o el más admirado de nuestros artistas, también se dio de vez en cuando la cabeza con la pared tratando de escaparle al terror de no saber qué estaba haciendo.

Como esribió Isaac Asimov en su ensayo acerca de la creatividad “La historia del pensamiento humano indicaría que existe una dificultad para concebir una idea incluso cuando todos los elementos están sobre la mesa.”

Crear, dar forma a nuestras ideas, transcribirlas de manera coherente y hacer de ella un producto del que estemos orgullosos o al menos contentos, no es fácil y requiere de cierta valentía a la hora de conectar los puntos y encontrar asociaciones y posibilidades allí donde otros han pasado de largo.

Asimov continúa:

“Una nueva idea sólo parece ser razonable tiempo después de haber sido formulada. Normalmente, parece ilógica al comienzo. Parece el colmo de la insensatez suponer que la Tierra era redonda en vez de plana, o que se movía ella en vez del Sol, o que los objetos, cuando se mueven, requieren la aplicación de una fuerza para poder frenar en vez de necesitarla para continuar en movimiento, etcétera. Una persona que esté dispuesta a volar frente a la razón, la autoridad y el sentido común, tiene que ser una persona considerablemente segura de sí misma. Como esto rara vez sucede, debe parecerle excéntrica (al menos en ese aspecto) al resto de nosotros. Una persona excéntrica en un aspecto a menudo es excéntrica en otros. Por consiguiente, la persona más propensa a tener nuevas ideas es una que cuente con una buena experiencia en el campo de interés y cuyos hábitos no sean convencionales (ser extravagante no es condición suficiente por sí sola).”

Valentía y falta de preocupasión frente a la idea de ir por la vida pareciendo un excéntrico parecieran ser dos prerequisitos fundamentales para quitar de encima el peso que la rigurosidad de querer hacer algo bien nos imbuye encima.

Por lo demás, cuando aquejan esos momentos en que la mente parece hundirse en un océano de confusión, cierto grado de disciplina y el desarrollo de un método personal que podamos desempolvar cada vez que estas situaciones nos acusian puede resultar efectivo.

El músico y productor británico Brian Eno, referente fundamental del ambient y de la fusión entre música y pintura, creó un método particular junto a su amigo también artista, Peter Schmitdt, llamado Oblique Strategies mediante el cual diseñaron un maso de cartas en las que inscribieron diferentes llamados a la acción para esos momentos en que el pánico paraliza y no sabemos cómo seguir.

Con frases como “Honrá tu error como una intención escondida”, “dalo vuelta por completo” o “no te asustes de los clichés”, Eno y Schmidth desarrollaron una técnica útil para salir del estado de ansiedad que genera ese no saber -qué hacer- ya sea se trate de componer música, escribir un libro o diseñar un boceto.

La idea, en definitiva, propone sacarnos de ese estado de incertidumbre y preguntarnos a nosotros mismos ¿cómo podés hacer esto de otra manera? o ¿te pusiste a pensar que existe esta otra alternativa para lo que querés hacer?

Si entraste en pánico, tendés a adoptar un enfoque frontal, tradicional porque parece ser el que va a producir los mejores resultados. Por supuesto, a menudo ese no es el caso, es simplemente el más obvio y, aparentemente – el método más confiable. La función de las Oblique Strategies era, inicialmente, servir como una serie de indicaciones que dijeran: “No olvides que podés adoptar * esta * actitud” o “No olvides que puedes adoptar * esta otra * actitud”.

Tomar una actitud flexible y tener la mente abierta frente al trabajo que intentamos desarrollar tal vez sea la opción más beneficiosa a la hora de enfrentarnos a los gajes del oficio.

El saber que existe no una, sino múltiples alternativas de abordar un mismo trabajo abre un abanico de posibilidades y herramientas infinitas que pueden ayudarnos a encarar mejor y sin pánico nuestras obras. Lo ideal será descubrír qué métodos y estrategias se ajustan mejor a nuestra menera de pensar y desarrollar.

Nick Cave sobre creatividad, imaginación y el crítico interno que todos llevamos dentro

“Para mí, la imaginación es esencialmente religiosa en cuanto va más allá de la verdad, hacia el significado. Y el significado es en sí mismo una especie de verdad libre de pruebas.”

Nick Cave es uno de los artistas más creativos e impredescibles que ha dado la música de todos los tiempos y es dueño de una profundidad de pensamiento tal que junto con Bob Dylan y Neil Young se ha convertido en uno de los escritores más prolíficos e inventivos que existen. Sólo basta elegir cualquiera de sus trabajos discográficos y leer sus canciones para descubrir su increíble capacidad para concentrar en apenas unos cuantos versos historias complejas atravesadas por un torbellino de emociones y sentimientos de los más diversos.

Tanto sus canciones como sus novelas, conferencias e incluso sus incursiones en artes varias como la pintura, el diseño o la escultura, como se evidencia en su reciente proyecto Cave Things, son reflejos de una mente inquieta guiada por un feroz instinto creativo que encuentra materia de la que nutrirse en la contemplación y reflexión constante sobre un mundo repleto de matices y complejidades que aguardan por ser descubiertas y exploradas.

Sin embargo, como todo artista en su lucha diaria por exteriorizar de la mejor manera la marea de pensamientos y sensaciones que se revuelven en su interior, no es ajeno a los desafíos que implica poner en práctica su creatividad y plasmar en la realidad sus ideas y ocurrencias.

Pese a ello, Nick es alguien que toma muy en serio el trabajo artistístico y tal como el ofinista que se dedica al papeleo de 9 a 5, él también dedica su buena cantidad de tiempo a sentarse a conectar ideas y producir su obra, ya se trate de la letra de una canción, un libro o una idea que terminó por adquirir su forma en un trozo de arcilla.

En su genial newsletter The Red Hand Files en el que responde preguntas y cartas de sus fans desde hace más de dos años habla de todo y se ha expresado especialmente respecto a aquellas cuestiones que más inquietan a los artistas en general. A continación los fragmentos más destacados acerca de qué es la imaginación, como ejercitar la craetividad y evitar el tan molesto e invasivo crítico interno:

“La creatividad no es algo que pueda desaparecer. El impulso creativo es simplemente la estrategia usada para atrapar las ideas. Hay ideas en todos lados y las habrá por siempre, preparadas para que tú estés dispuesto a aceptarlas. Esto implica cierta responsabilidad hacia el proceso artístico. Hay disciplina, rigor y preparación involucradas. Debes probar que eres digno de la idea.”— Red Hand Files #9

Rara vez me he sentado en mi escritorio con algo que decir más que ‘Estoy preparado’. El sentarse es lo primero, alerta a las posibilidades. Sólo después de esto la idea se siente libre para establecerse. Se asienta pequeña y tentativamente, luego, a través de tu imaginación activa, puede creacer hacia algo mucho más grande. El sentarse preparado para la llegada de la idea a veces puede tomar un largo y ansioso tiempo. ¡Pero no debes desesperar! No me he encontrado nunca en una situación en la que la idea se negara a llegar si la mente está previamente preparada.

Mientras estés en este estado de preparación, sé aquello que quieras ser. Si es ser escritor, entonces escribe. Inicialmente el flujo de consciencia está bien. Escribe sin prejuicio y sin auto condenarte. Escribe de manera juguetona e imprudentemente. Incluso si lo que escribes inicialmente aparenta tener poco valor, continúa, porque aquella idea que vale la pena se ha despertado y se mueve hacia ti, respondiendo a tu demostración de intención.” — Red Hand Files #9

“Crear arte implica agrandar el mundo y su alcance, y tiene más que ver con el acto de crear que con la creación en sí misma. Cualquier cosa que nos anime crativamente de manera positiva, ya se el diseño de una gran maravilla arquitectónica o el Big Bang en el dibujo de un niño, es una recreación de la historia de la creación original. Más allá de que nos demos cuenta o no, hacer arte es un encuentro religioso, ya que son nuestros intentos de crecer más allá de nosotros mismos los que energizan el alma del universo.” — Red Hand Files #131

“Siempre he sentido horror de ser encasillado en una identidad determinada y en una opinión infexible, porque esa lealtad a una única personalidad puede implicar la muerte de la creatividad.

(…) Esta falta de cohesión nos previene de ser esclavizados por absolutos -qué es verdadero, qué no lo es, cuál es la forma adecuada de ser y cuál no la es- y nos permite abrazar ideas contradictorias al mismo tiempo.

Para una artista, especialmente un escritor de canciones, esta posibilidad de estar abierto a la influencia, el rechazar una única personalidad, nos da la libertad de expresarnos de formas contradictorias. Cuando pienso en los artistas que han tenido el mayor impacto en mi, esta fluctuante y desordenada identidad, la necesidad de reinventarse a sí mismos, es lo común a todos ellos. Creo que es eso lo que busco en un artista, la habilidad de cambiar, de crecer, de confundir.” — Red Hand Files #99

“Vivir es en parte sufrir. No puedes crear sin sufrimiento porque no puedes vivir sin sufrir.” — Red Hand Files #81

“Crear arte es una forma de locura – nos deslizamos profundo dentro de nuestra singular visión y nos perdemos en ella.” — Red Hand Files #79

” (…) el crítico interno del cual hablas no eres más que tú mismo. La verdad es que cuaquiera que esté tratando de hacer algo que valga la pena, especialmente algo creativo, tiene ese crítico sentado en su cerebro, un hombrecito que toca una pequeña y horrible trompeta y sólo sabe una canción – la canción dice algo así como ‘no eres lo suficientemente bueno, ¿para que molestarte?. Ese maldito gnomo está lleno de mierdo y es, en palabras del autor Sam Harris, ‘Un imbécil.’ El enemigo de la inspiración, esa atroz voz interna demanda que te alejes cualquiera que sea tu vocación superior, que te conviertas en la versión barata y de segunda de vos mismo. Como tu personal detractor, es muy persuasivo en su cometido. Muchos de nosotros lo escuchamos, muchos aceptamos su mensaje y muchos levantamos la manos y nos rendimos. El problema es que esa voz interna, ese monstruito, sos vos.

El acto crativo es una acto de guerra – pero por mucho que este crítico interno sea tu adversario, también es fundamental en el proceso creativo. Es con lo que toda persona está peleando todo el tiempo – estamos en perpetua lucha con la versión inferior de nosotros mismos. Perder la batalla implica convertirse en la encarnación del hombrecito. Derrotados, no hacemos más que sentarnos a juzgar perpetuamente al mundo, mirando ociosamente como se prende fuego. Por más cruel que pueda ser esta lucha con nosotros mismos, es este mero conflico el que pone la sangre en el arte, las lágrimas también, y grabas prundamente las cicatrices de esta batalla dentro de la obra misma.

El mundo, con todas sus fallas, es un extraordinario experimento dentro de la desenfrenada imaginación humana. Existe porque hubo gente que tuvo el coraje de seguir una idea – aquellos que resistieron la voz interna que decía ‘No vales nada. ¿Para qué molestarte?’

(…) La lucha contra esa fuerza oscura dentro nuestro es la fragua en la que se forma el verdadero arte.” Red Hand Files #33

Consejos de Ray Bradbury para mantener una mente creativa

Lewis Carroll escribió alguna vez que tan importante como alimentar y cuidar el cuerpo es nutrir la mente de manera adecuada. Pero aunque parezca una obviedad, generalmente se nos olvida que tanto nuestro estado de ánimo, como así la calidad de nuestras ideas, dependen de cuán a menudo damos de comer a nuestro cerebro.

Por eso es fundamental recordar en esos momentos en que nos empeñamos en reinventar la rueda con cada nuevo proyecto que parte importante de muchas de las grandes ocurrencias de la humanidad surgieron de la inspiración proveniente del trabajo, las elucubraciones y el talento de otros seres humanos. En resumidas cuentas: toda gran idea tiene su correlato en la interconexión de millares de otras ocurrencias que le han servido de puntapié inicial.

Tanto buenas como malas ideas, debemos consumir proyectos geniales y desastrosos dado que cultivar la mente implica un ejercio de análisis, contemplación y diferenciación en el que como granjeros vamos separando las semillas que creemos pueden llegar a darnos sus buenos frutos.

Algo de esto sabía el genial escritor Ray Bradbury, quien en una charla sobre creatividad y escritura en la Universidad de California dijo:

Si quieres escribir, si quieres crear, deber ser el tonto más sublime que Dios haya creado y enviado a divagar. Debes leer libros aburridos y libros gloriosos y dejarlos pelearse en hermosas batallas dentro de tu cabeza, vulgares en un momento, brillantes en el otro. Debes deambular por las bibliotecas trepando en sus estantes como si fueran escaleras para olfatear los libros como si fueran perfumes y usarlos como si fueran sombreros.

Y tan importante como alimentar nuestro cerebro con buenas y variadas ideas es hacer aquello que nos apasiona y divierte tan amenudo como sea posible, pues no es ningún secreto que cuando hacemos lo que nos gusta la mente y el corazón se entusiasman y del más pequeño proyecto nacen miles de otras ocurrencias en las más diversas áreas que continúan expandiendo nuestro intelecto y nuestras capacidades de crear.

Agrega el autor:

Quiero que sus pasiones sean múltiples. No quiero que sean snobs en nada. Cualquier cosa que amen, háganla. Tiene que ser con gran sentido de la diversión. Escribir no es un asunto serio. Es un regocijo y una celebración. Deberían divertirse escribiendo. Ignoren a los autores que dicen “¡Oh Dios mío, qué trabajo!, ¡oh, Jesucristo!, ya saben. Al carajo con eso. No es trabajo. Si es trabajo, deténganse y hagan otra cosa.

Y fue también Bradbury quien sabía que no hay mejor manera de aprender que haciendo. Él, que no pudo ir a la universidad porque no se lo podía permitir económicamente, se dio cuenta de que la única manera en que podría convertirse en escritor era leyendo y escribiendo a diario sobre cualquier cosa. Su escuela fue la biblioteca de su ciudad en donde durante un mínimo de dos veces por semana se la pasaba leyendo vorazmente todo lo que encontraba. Algo similar a lo que hacía QuentinTarantino, quien aprendió todo lo que sabe sobre cine y dirección mirando una película tras otra en el videoclub en el que trabajaba.

Tomé un curso de escritura en el verano, en 1939, cuando estaba en la secundaria. Pero no me resultó. El secreto de la escritura fue ir y vivir en la biblioteca dos o cuatro días a la semana por diez años. Me gradué de la biblioteca habiendo leído cada uno de los libros que había en ella. Mientras tanto, escribí cada día de cada semana, de cada mes, todos los años. Y en diez años, me convertí en escritor.

Nada hay más efectivo que poner en práctica una idea, equivocarse, aprender del error e intentar de nuevo valiéndose para ello de la inspiración y la experiencia que proviene del trabajo de otro que, como nosotros, también se cayó y volvió a levantarse. Pero para eso es importante recordar alimentar a diario nuestra máquina de crear.

Estoy segura de que si Bradbury fuera nutricionista seguramente recomendaría tres máximas principales: ejercicio, esparcimiento y una dieta variada en alimentos y libros.

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Ayer se fue Maradona. Son días rarísimos sin duda porque es como si un pedazo de la cultura argentina se hubiese apagado.

Es difícil definir personajes así, tan inmensos para el imaginario popular, porque son como formadores de contelaciones de sentimientos en el corazón de millares de personas. Generan tantas sensaciones distintas y a un nivel de trascendencia tal que ya dejan de ser ídolos únicamente por sus talentos personales para convertirse en un vehículo de emociones que transforma absolutamente todo a su paso.

Con Diego sucedió eso, se transformó en un pedacito de la vida de cada uno de los argentinos que lo hizo parte de su cotidianeidad y se sintió acompañado por su alegría y por su forma de jugar a la pelota. Pasó de ser el pibe talentosísimo que hacía magia con un balón a ser el recuerdo feliz de miles de tardes de familias argentinas, de momentos épicos en la final de algún mundial, de alegrías inmensas que se reactivan cada vez que alguien rememora sus anécdotas.

Hay un hueco de tristeza en el corazón de Argentina. Nuestra cultura tan nutrida y necesitada de estos personajes interestelares ha quedado en silencio, reacia a reconocer semejante pérdida.

Por los momentos felices y de pasión futbolera que nos brindaste, por las picadías y aún por las veces que nos hiciste agarrar la cabeza, gracias, Diego.

Marginalia: ¿Por qué subrayamos y anotamos nuestros libros?

Desde que tengo memoria leo acompañada de un lápiz. A veces, si el libro no es mío, hago pequeñas marquitas y capturo con mi teléfono fotos de párrafos enteros o frases. Cuando el libro es mío, me lanzo de lleno a resaltar y remarcar todo fragmento que me resulte atractivo o interesante para usarlo posteriormente o simplemente para recordarme de alguna idea que creo que debo poner en práctica.

Subrayar, resaltar, garabatear e incluso anotar libros es una práctica que tiene tantos años como el papel mismo, sim embargo, mientras que para algunos estra práctica es tan común como fundamental, para otros, constituye una especie de heregía o algo así como el peor pecado que podemos cometer tanto frente al libro en sí, como frente a su autor.

Pero, guste o no a los detractores de esta práctica, subrayar libros es en sí mismo casi un arte: una manera de convertir el proceso de leer en una especie de entendimiento compartido, una conversación con el autor y con el texto mediante el cual vamos construyendo conocimiento a medida que rebatimos hipótesis, resaltamos conceptos que nos parecen importantes o incluso aportamos ideas que se activan en nuestra mente en el proceso y que provienen de los miles de textos, ensayos o material audiovisual que vimos antes y con las que ese libro en cuesrtión guarda algún tipo de relación hipertextual.

Subrayar o anotar un libro se convierte en cierta forma en una manera de agregarle una capa extra de significado al texto transformándolo en una nueva obra en la que se cruzan tanto las ideas del autor y sus referencias como nuestros pensamientos, experiencias y opiniones acerca del tema en cuestión.

La obra pasa de ser un texto cerrado y acabado para convertirse en una superficie abierta sobre la que volcamos pensamientos que lejos de estar quietos sobre el papel se excrutan unos a otros e interpelan a nuevos lectores a dar su opinión y aportar su mirada y sus inquietudes. El texto, casi como una criatura mitológica toma nuevas formas y vida propia.

Como en el famoso cuento de Borges, El Jardín de los senderos que se bifurcan, los pensamientos que desparramamos sobre el papel y las frases que subrayamos abren nuevos caminos de interpretación dentro de este juego hipertextual en el que que el garabato y el rayón son tan importantes como cada una de las palabras de la obra original ya que surgen como resultado de una interacción suscitada por la obra en el lector, que bajo esta nueva perspectiva deja de ser un expectador pasivo dirigido por la obra como si ésta fuera una institución que alberga todas las verdades absolutas y se convierte en un jugador tan activo como el autor, capaz de resignificar y crear nuevos espacios de conocimiento.

Resaltar, subrayar, anotar, aleja así a la lectura del mito de la práctica en solitario y la reconvierte en una actividad que se hace en compañía de las diversas voces que intervienen en el libro terminado, la de su autor, la del prologista, la del traductor, y la mezcla con nuestra la nuestra propia y con aquellas que cargamos con nosotros producto de otros procesos de lectura.

A veces subrayamos porque ciertos tópicos o pensamientos nos resultan interesante, otras veces lo hacemos para capturar en papel frases que de alguna forma que no comprendemos cómo representa aquello que sentimos o pensamos respecto a un tema determinado.

Otras veces capturamos entre llaves de tinta aquellas fragmentos que dan significado a todo eso que sentimos de manera confusa y no logramos articular con nuestras propias palabras.

Ahora podés elegir qué y cómo aprender

Aprender algo nuevo y compartir el conocimiento que adquiero es una de mis grandes pasiones. Nada me genera tanto entusiasmo como transmitir a otros las miles de ventajas que se pueden obtener de aprender determinada cosa o empujar un poquito más allá la propia curiosidad.

Siempre estoy en búsqueda de gente que de alguna manera, con su arte, con su escritura o con su modo de enfrentar la vida, mantengan encendido mi deseo de querer aprender más y superarme un poquito más cada día.

Creo que es bueno rodearse de gente que te inspire ya que todos podemos caer de vez en cuando en esa flojera que muchas veces nos detiene de lograr grandes cosas. Así fue como me crucé con algunos párrafos del libro Everything is Figureoutable, de Marie Forleo, en el que habla un poco acerca de cómo desde que nacemos vamos adquiriendo distintas creencias acerca no sólo del mundo, sino también de nosotros mismos y nuestras capacidades.

Dice Marie:

“Cuando llegaste al mundo, tu cerebro de bebé era neutral y libre. No contenía ningún programa, ni opiniones, ni conocimientos, ni sesgos, ni creencias. Luego, como una esponja, comenzaste a absorber ideas acerca de vos mismo y de otros a partir de tu familia, amigos, cuidadores, la escuela, la cultura y la sociedad. Así como aprendimos a caminar y hablar, aprendimos también qué creer. Poco a poco, el ambiente programa nuestros cerebros con creencias acerca de todo, desde el amor, la salud, el sexo, el trabajo, nuestros cuerpos, el dinero, la religión, la belleza, las relaciones, sobre otras personas, el mundo en su totalidad, absolutamente todo. Lo que es más importante, nuestro ambiente programa nuestros cerebros con creencias acerca de nuestras capacidades. Aquí es donde todo esto se pone interesante. Muchas de las convicciones que tenemos son heredadas. Son ideas viejas, poco examinadas e incuestionables que aceptamos inocentemente de otros. No nos tomamos el tiempo de examinarlas, cuestionarlas y elegirlas por nosotros mismos. Tristemente muchas de esas creencias heredadas son contraproducentes para todo aquello que tratamos de lograr.

Este fragmento me resultó realmente interesante ya que da justo sobre un tema en el que vengo pensando desde hace rato porque me afecta tanto a mi como a muchas personas de las cuales me rodeo y que tiene que ver con el miedo a embarcarse en una actividad, una carrera, o en el estudio de algo que nos gusta.

Pareciera que el sólo hecho de pensar en intentar dar un paso adelante en busca de aquello que anhelamos nos paralizara por completo no sólo por el hecho del terror que nos da intentar algo nuevo, sino porque cargamos con nostros un montón de excusas que nos prefiguran y que muchas veces provienen de ese ambiente al cual pertenecemos y en el que hemos crecido.

Algunas de esas excusas pueden ser nuestra edad para embarcanos en determinada actividad “soy demasiado vieja para estudiar una carrera ahora”, el miedo a lo que piensen los demás, pero sobre todo, lo que nos detiene es la imposibilidad de ver que ahora, en el presente, es el mejor momento para persguir nuestros sueños y elegir qué queremos hacer, cómo lo queremos lograr, qué camino deseamos tomar y con qué herramientas nos vamos a ayudar para llegar a nuestra meta.

Lo importante, ante todo, es reflexionar acerca de qué pensamientos, creencias o mandatos nos alejan de aquello que deseamos y poder elegir por nosotros mismos cambiarlos y reemplazarlos por valores y esquemas mentales que ayuden a lograr aquellos objetivos que nos quitan el sueño.

Ya no importa qué te enseñaron en la facultad o con cuántos conocimientos vetustos te abrumaron en la escuela. Ahora, en el presente, contás con la posibilidad de elegir con qué querés alimentar el mejor de tus superpoderes: la capacidad de aprender.

Pic: Ian Schneider. Unsplash

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